Jaques Schotte 1
Clínica y Análisis Grupal • 1992 - N°
60
Vol. 14 (2) Págs. 217-241
Resumen:
Partiendo de obras como El
múltiple interés del psicoanálisis de Freud o Artículos y conferencias escogidas de Binswanger, a los que el
autor suma un gran bagaje de cultura y experiencias, recorremos un ameno
trayecto en búsqueda de un proyecto de «psiquiatría
científica».
Abstract:
Based on works such as Freud's The
multiple interest of psychoanalysis or Binswanger's Selected articles and conferences, as well as the author's cultural
background and personal experiences, we are led one search for a project of
scientific psychiatry.
Resume:
En partant
d'oeuvres comme L'intérêt multiple de la Psychanalyse
de Freud, ou Articles et conférences choisis
de Binswanger, auquel 1'auteur ajoute un grand bagage de culture et expériences,
nous parcourons un agréable trajet á la recherche d'un projet de
"Psychiatrie scientifique".
Presentamos en forma
de artículo el conjunto de lecciones que el Dr. Schotte impartió en el curso de
doctorado de psicoanálisis en junio del 92, traducidas y transcritas por mí de
una serie de grabaciones, con su permiso aunque no revisadas por él («nunca
lo hago», comentó al solicitárselo). El contenido de su
pensamiento es muy rico; como el lector podrá observar, aparecen articuladas
ideas filosóficas, retazos de historia, momentos diferentes del psicoanálisis,
desarrollos del mismo y reflexiones abarcativas de tipo antropológico y
psiquiátrico. Desde Hipócrates a los interrogantes actuales, pasando por
Sydenham, Charcot, Freud, Jaspers, Binswanger y Lacan, todo queda expuesto en
una especie de fresco.
Schotte invita a la
reflexión en medio de este aluvión de conocimientos y experiencias. Su texto es
denso y, por serlo, admite varías lecturas. Hemos optado por modificar de forma
mínima el ritmo de lenguaje hablado, con el fin de alterar lo menos posible lo
inmediato de su estilo, aun a sabiendas de que la claridad y facilidad de
lectura, pueden resentirse con ello. En el próximo número incluiremos la
segunda y última parte del trabajo.
Isabel Sanfeliu
¿Se da en psicoanálisis un triunfo del método sobre la
ciencia? Politzer hablaba de los psicólogos científicos como “salvajes
instaurados”. Etimológicamente, “método” viene del griego “meta” (metáfora,
cambio, movilidad) y “odo” (camino); el método va detrás de su presa, tiene que
cambiar continuamente de camino... La lectura de Freud es de las pocas que
pueden hacerse “en diagonal”, pudiendo rescatarse en él cada detalle,
disfrutando de su alemán literario y admitiendo un sinnúmero de relecturas.
Como dijo Binswanger, «Freud
siempre tuvo razón porque siempre creyó que el paciente tenía razón»; este autor, me hizo un
comentario personal en una ocasión: «Amigo,
recuerde siempre que, tanto en medicina como en psiquiatría, la anamnesis ya lo
es todo»; esto es
algo que se ha olvidado. Vamos a comenzar por el método de
constitución del campo y la metodología, al mismo tiempo que observaremos cómo
ambos aspectos se interrelacionan.
«Psico» es el método, el medio,
no el objeto. El psicoanálisis no comienza por separar enfermedad psíquica y
enfermedad somática, Freud está a la caza de otra cosa; para él, los métodos
psíquicos son los que llegan “por y para” el lenguaje. El auténtico objeto del
psicoanálisis es algo que está muy vinculado a la especificidad humana. La
primera ciencia que nombra es el lenguaje. Freud no sólo ve lo que está ahí, piensa que para ver hay que ponerse
gafas.

Transferencia y resistencia, pilares de la técnica, son dos
fenómenos que se presuponen desde un principio, pero que hay que observar en su
feed-back con el objeto. La neurosis,
contra lo que se pudiera pensar, no es una salida de la neurología y, en cuanto
a la psicosis, creo que el psicoanálisis no tiene nada que decir sobre la
hebefrenia o la oligofrenia, aunque no piense lo mismo Mannoni. El
psicoanálisis casi sólo va bien con lo cercano a la normalidad. Si utilizamos
los chistes como referencia, consideraríamos neuróticos a los que lo utilizan
continuamente y «normopáticos» (la variedad más inaguantable
de la humanidad), a los que no se ocupan de él en absoluto. Los fenómenos
psíquicos tienen un sentido, una intención, un lugar, un conjunto
cohesionado... cada cosa tiene un espacio y cada espacio un sentido. El término
«sentido»
tiene tres importantes acepciones: como significación, como dirección y como
juicio. Lo que hace que las cosas tengan un sentido para los hombres, es que
son seres parlantes, todo pasa por el lenguaje.
La “intención” está ligada al discurso, todo está dirigido a
alguien. “Sentido” es una extensión del lenguaje, “intención”, una extensión
del discurso.
Refiriéndose a la crisis histérica, Freud señala que en ese
momento de resistencia, hay una especie de dramatización (acción). El drama
inscribe la actualización de la transferencia; lleva a la epopeya, pero, a su
vez, la epopeya a veces se convierte en drama. La conjunción de epopeya y drama
es la tragedia, que se da sólo en Grecia, su cuna. La técnica psicoanalítica
reconduce al desarrollo de la humanidad; la tragedia es también preludio de la
filosofía, de la democracia. Freud descubre el Complejo de Edipo a través de
tres fuentes -en el momento en que se hacen una-: la histeria (el drama), el
autoanálisis (sin olvidar a Fliess) y la tragedia griega y la literatura. Otro
elemento presente en la trama, es el acto, acción individual; el fenómeno tiene
un sentido que se transmite en actos expresivos, otra categoría que reenvía al
lenguaje.
En El múltiple interés
del psicoanálisis, Freud se refiere a los conflictos como verbos sustantivados,
procesos, no sustancias. No hay que tratar de sustancializar los procesos, sino
a la inversa. Los hombres son sujetos de esos fenómenos (conflictos), tanto en
la normalidad como en la patología. Para Eugen Fink, algunos fenómenos humanos
fundamentales son: trabajo, amor, muerte, juego y dominación; son fragmentos
del hombre y el hombre los posee a todos. Cuando el hombre imagina a Dios, lo
hace con estos cinco referentes; Nietzsche toma el juego y Freud utiliza estas
categorías en psicoanálisis con términos fundamentalmente antropológicos, enfocados
hacia un campo todavía por descubrir, una nueva dramática humana antropológica.
El trabajo caracteriza al hombre, como el lenguaje. El sueño, el duelo, la
represión... son trabajos psíquicos. Freud empieza por el lenguaje y lo amplía
incluyendo gestos, escritos... El trabajo analítico es una obra de traducción;
siempre que hablamos unos con otros, traducimos; es algo inherente a la
comunicación, cada persona tiene un lenguaje singular. Todos los animales de
una misma especie se entienden, excepto el hombre. También es difícil para uno
mismo comprenderse. Una característica humana es la perpetua necesidad de
traducción; siempre
decimos más y menos de lo que queremos decir. «La incomprensión del lenguaje del sueño o del
síntoma, dice Freud, son como un antiguo lenguaje desaparecido...» En este mismo autor
encontramos diferentes lenguajes; la antropología es así desde siempre, distintas
tribus, varios lenguajes... («idios»= «uno mismo, propio a»). Heráclito opone el «koinoskosmos» (comunidad) al «idioskosmos» (hombre que, al soñar,
se vuelve hacia sí mismo). La comunidad siempre es problemática por conflictos
con la individualidad, con el sí mismo; la dialéctica «koinos-idios»
es propia del ser humano, no del mundo animal.
Hay dos factores distintos que es importante no mezclar: el
lenguaje y el sí mismo. El existir como persona, surge en distintos momentos y
es posterior a la capacidad de hablar del niño; antes, el niño está en un mundo
de adultos. La apropiación del entorno factible desde el lenguaje (en torno al
año y medio), es distinta de la que permite la adquisición del sí mismo en la
adolescencia.
La facticidad de hablar es distinta de la de comunicar,
son dos patologías; los afásicos pueden comunicar, es más, comunican más que
otros para contrarrestar su incapacidad de expresión. En la psicosis, sin
embargo, lo que está perturbado, es la capacidad de comunicar, no de hablar; el
psicótico es un virtuoso del lenguaje. Se puede hablar de distintas facetas en
el lenguaje: expresión, comunicación, censura... Galypan decía que el lenguaje
se ha construido para no comunicarse. Freud introdujo un tercer término, el inconsciente,
a las tradicionales dicotomías cuerpo-alma, etc. Que cada gesto tenga un sentido
no es lenguaje, la comunicación directa es:
Sonido Sentido
//
Signo
Saussure afirma que, desde que
hay lenguaje, cada palabra dice todo salvo lo que dicen las otras palabras. Ya
no hay un rapport positivo sino
negativo, nada es directo, es lo que él llama el significante. Las abejas
nunca dicen donde no hay que ir...
Individuo Especie
//
Persona
Cada individuo representa a la especie automáticamente, como
el lenguaje directo. La comunicación humana no es automática; de la misma manera
que la emergencia de la persona hace indirecta la relación individuo-especie,
el signo lingüístico la rompe entre sonido y sentido. La significación se da en
el momento en el que las palabras no sólo dicen lo que designan, es la
potencialidad del lenguaje. Las palabras son impropias para designar, el signo es una realidad potencial. Hay
algo que no es visible en el interior de la operación, mientras que en los
animales todo es visible. Las dos operaciones, la visible (designación) y la
invisible (significación), tienen un sentido contrario; la impropiedad es una
característica de la designación. La metáfora es impropia en relación al signo,
pero propia en cuanto a la designación. Todo lenguaje tiene una parte metafórica
y siempre queda un resto impropio; para hablar tengo que hacer las dos cosas
contrarias al mismo tiempo, lo propio y lo impropio. «La arbitrariedad es una característica de la
persona, así como la impropiedad lo es del lenguaje, en detrimento de la
comunicación directa»
(Galypan). La persona se construye fuera de la comunicación, hay una ruptura de
lo inmediato. La ficción de las ideas tradicionales, es que existe un
significado concreto, pero siempre hay algo impropio. Metáfora y metonimia,
son del dominio del signo, no de la comunicación.
Lo inconsciente, reenvía a la
dialéctica del proceso de los contrarios; con el lenguaje comienzan consciente
e inconsciente como antitéticos. No hay que mitificar al inconsciente, no es
la parte animal del hombre; la consciencia nace con el lenguaje. Eugen Fink
señala que el hombre no es un centauro (animal más ángel); la humanidad del
hombre es esa conflictiva interna, secreta. Inconsciente es uno de los términos
con los que Freud designa lo específicamente humano, lo mismo que la represión
(ruptura que introduce este complicado sistema). Entre signo y persona, hay
otra ruptura, la censura, lenguaje indirecto, otro fenómeno de la contradicción
dialéctica humana que no hace referencia ni al signo, ni a la persona, sino a
un tercer elemento: la norma. No hay regulación natural, hay regulación
normativa que no permite la satisfacción inmediata. Freud estaba marcado,
sobre todo, por el problema de la norma, patente en las neurosis. Ese es el
origen del psicoanálisis. La neurosis es la patología específica de la norma;
la norma no prohíbe la satisfacción, la regula.
Hay infinitas posibilidades tanto de significados como de
satisfacciones, pero tantas posibilidades implican un problema. La persona es
una identidad negativa por la abstinencia de comunicación inmediata. Personne,
en francés, es ambiguo[2], es una
máscara, algo que se muestra y algo que se esconde. Otra manera de aproximarse
a esto, es la gramática infantil: «yo,
tú, él, nosotros, vosotros, ellos»,
nos sitúa en referencia a la persona con la que nos comunicamos, la situación.
La tercera persona es de la que se habla y el objeto de la palabra. La segunda
persona, a quien se habla; pero un perro no puede responder en primera persona,
podrá hacerlo alguien que puede decir «yo» y actúa, es
responsable. Habría que añadir una pequeña matización: la tercera persona puede
ser personalizada o impersonal. En alemán, lo impersonal («Es»), es el Ello de Freud. Este acercamiento a
través de la gramática, hace referencia a la comunicación desde la persona, no
como signo (que tiene las tres posibilidades en potencia -yo, tú...-). La
psicosis implica una perturbación para existir en primera persona. Freud
introduce el poder absoluto del otro de existir en primera persona, poder
radical que da el lenguaje. En la psicoterapia sugestiva, el paciente está
entre la segunda y la tercera persona, no existe la primera (no estoy
cuestionando aquí su eficacia).
La primera vez que Freud introduce la transferencia,
está muy cerca de la sugestión; el concepto puente es «relación»
(rapport), situación en la que quien
hipnotiza pone al hipnotizado, le manipula a través de esa relación. En la
transferencia, sin embargo, es el paciente quien toma al terapeuta como objeto,
es quien conforma la estructura de esa relación; habla, en la medida en que
puede, en primera persona. La prehistoria del hipnotismo crea la relación desde
el terapeuta que estructura, el paciente solo habla en segunda o tercera
persona. La técnica psicoanalítica
clásica, funciona cuando no hay problemas para existir en primera persona. La
psicosis plantea un conflicto de existencia en primera persona, no podemos
apoyarnos justo donde está aquel. La neurosis revela el problema de existir con
las normas. La psicosis revela el problema de existir en primera persona.
(Continúa...)
[1] Traducción y transcripción de Isabel Sanfeliu.
El trabajo completo puede
pedirse a imagoclinica@me.com
[2]
Puede tanto designar una ausencia como representar a un sujeto. (N. De T.)
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